TORNEO DE DEBATE IES PADRE MANJÓN 2020-21

 



En el curso 2020-21 en que me inicié oficialmente preparando a alumnos para participar en el Torneo de debate de la Junta de Andalucía fue en el que me encontraba en el IES Padre Manjón. Preparé a dos grupos: 3º ESO B y 4º ESO A. Fue una tarea ardua, pero con muy buenos resultados por su parte y un gran interés por debatir bien. 

En el debate académico, como ya he explicado en entradas anteriores, la estructura es diferente en cuanto a tiempo disponible en cada parte: cada equipo, ya sea a favor o en contra, dispone de 3 minutos en la apertura y en la conclusión y 4 minutos en las dos refutaciones, siendo la segunda refutación la más compleja al requerir de una mayor improvisación para rebatir los argumentos del equipo contrario. 

En general, cuando uno acerca a los alumnos al tema del debate se encuentra dos reacciones: por un lado, un gran interés por tener que defender una postura que no es la que piensan y  ganas de llevarlo a cabo, pero, sin embargo, es muy común comprobar que ese interés se va reduciendo conforme se van introduciendo más en el debate y se van dando cuenta de que no es una tarea fácil. Hay gente que desiste, y otros a los que les sirve para llegar más lejos y amar el hecho de debatir bien y conseguir a través de la palabra, cambiar la postura del equipo contrario hasta salir vencedores en su línea argumental. 

Por ello, es muy importante trabajar las distintas posturas en clase en lugar de mandarlas como tarea para casa, sobre todo al principio, cuando los alumnos no saben crear bien los argumentos. Si no, corremos el riesgo de que se valgan de internet para hacer lo que de ellos depende. Internet nos sirve para documentarnos, pero no le podemos dejar a este medio toda la carga que debe depender de nuestra cabeza pensante. En muchos casos es el propio profesor el que falla con sus alumnos a la hora de prepararlos en el debate y por eso no salen argumentos sólidos, y es que como en cualquier campo, primero el docente debe saber argumentar bien y, sobre todo, saber comunicarlo a sus alumnos y corregir cada parte. 

En mi caso, tuve que preparar a 60 alumnos en cada parte y corregir cada una de ellas. Conforme iba avanzando en el arte de debatir, iba pensando en los cuatro alumnos que veía más preparados para debatir y que iban a querer dar la cara y representar a su centro, aunque en el curso 20-21 solo se hizo simulacro en Granada y no en el resto de provincias por la situación de pandemia que estábamos viviendo. Siempre intento contar con un par de alumnos en la retaguardia porque suele haber estudiantes que se estresan cuando tienen más exámenes y te dicen cuando se acerca el debate que no van a participar. Además, con el covid y el hecho de poder tener la enfermedad, esta situación se ha acrecentado. 

Por otro lado, no debemos perder de vista lo que Cicerón nos plantea en su gran obra El orador en lo que se refiere al estilo oratorio. 

Él nos dice que tres son los tipos de estilo en los cuales por separado han sobresalido algunos, pero -y es esto lo que buscamos- muy pocos lo han hecho por igual en todos. Para él no hay un estilo oratorio perfecto; no es perfecto, por sí solo y en todo momento, el estilo elevado; ni lo es el estilo medio; ni tampoco el tenue o bajo; el estilo perfecto es el que responde al principio del decorum, de lo conveniente en cada momento, en cada circunstancia, y a cada persona o personas; el estilo perfecto es, pues, aquel que se adapta a lo conveniente en cada ocasión; el que es elevado cuando tiene que ser elevado y en las partes del discurso en las que tiene que ser elevado; el que es bajo o medio cuando tiene que ser bajo o medio y en las partes en que tiene que serlo; domina, pues, en este sentido el principio del decorum. (2021: 15)

(He aquí de nuevo respuesta a la pregunta inicial: el orador perfecto no es el que sobresale en un estilo determinado, sino el que lo hace en los tres). Hubo, en efecto, algunos, por así decir, grandilocuentes, con gran profundidad de pensamiento y elegancia de palabra, vehementes, variados, abundantes, serios, competentes, preparados para mover y arrastrar los ánimos -y estos unos lo hacían con frases rudas, feas, toscas, mal construidas y acabadas. Hubo, en el lado opuesto, otros sencillos y agudos, que lo demostraban todo y lo exponían con claridad, no con amplitud, pulidos en una especie de estilo sobrio y apretado; y también en este estilo unos eran hábiles, pero rudos y dando la sensación por propio deseo de ser incultos e imperitos y otros, en esa misma sequedad, eran armoniosos, es decir, agradables, incluso brillantes y ligeramente elegantes. Y hay un tipo intermedio, en cierta forma moderado, que no recurre ni a la agudeza de los últimos ni a la amplitud de los primeros, limítrofe entre ambos, sin sobresalir ni en un sentido ni en otro, partícipe de ambos o más bien, si queremos ser exactos, desprovisto de las calidades de los otros dos; este fluye al hablar en un curso, como dicen, continuo, no aportando otra cosa que su facilidad y su uniformidad, o añadiendo solo, como si de una corona se tratara, algunos festones y distinguiendo todo su discurso, con moderadas figuras de palabra y de pensamiento. (2001: 45).

Además, Cicerón piensa que Demóstenes es el mejor orador que sabe mezclar los tres estilos y por ello sobresale por encima de todos, pues por ejemplo en el famoso discurso en defensa de Ctesifonte comienza con tono humilde, sigue después, cuando discute sobre las leyes, de una forma más vigorosa, y luego, inflamando progresivamente a los jueces, cuando los ve encendidos, se levanta con audacia en el resto del discurso. Y, a pesar de ello, también en este hombre, que medía con cuidado el peso de todas sus palabras, reprende y critica Esquines algunas palabras, diciendo, con burla, que son duras, molestas e insoportables. (2001: 48)


Tras citar algunos fragmentos clave del libro de Cicerón, El orador, nos damos cuenta de que, en efecto, muchas veces adquiere más importancia la forma en que comunicamos que lo que comunicamos. Y eso pasa mucho en los debates: muchas veces los jueces se fijan más en cómo se comunica que en los verdaderos argumentos, siempre y cuando el equipo los traslade al auditorio con una gran seguridad y ocultando los posibles fallos que pueda haber en realidad. 

Tras esta introducción, voy a mostrar las distintas partes que prepararon los alumnos representantes del IES Padre Manjón del grupo 3º ESO B. Ellos fueron Laura de la Herrán, que realizaba la apertura, Guillermo Cepero como primer refutador, Elena Di Cesare, como segunda refutadora e Irene Solís como conclusora. 

La pregunta a la que debían responder es: 

"¿Puede una emergencia sanitaria coartar las libertades civiles?"

Podemos ver la apertura a favor y en contra de Laura de la Herrán como respuesta a la pregunta que se nos planteaba.



Ahora vamos a enseñar el resultado final de la primera refutación planteada por Guillermo Cepero. 


A continuación, tendríamos la segunda parte de las refutaciones, a cargo de la alumna Elena di Cesare:



Por último, tenemos la conclusión de las posturas a favor y en contra, elaboradas por la alumna Irene Solís. 


Ellos se vieron obligados a realizar la participación en el simulacro del Torneo de debate de manera online debido a la situación de pandemia. La primera vez el grupo con el que iban a competir no se presentó, y tuvimos que esperar una hora hasta que se hizo posible competir contra otro instituto. 



Este año, volví al IES Padre Manjón y les planteé una entrevista, pues dos de los alumnos que yo preparé, entre los que se encuentran Guillermo Cepero y Jaime Garzón de otro grupo, han participado en el III Torneo de Debate que sí se ha podido realizar presencialmente, y han quedado como semifinalistas. 
Tras estos resultados no quise perder la oportunidad de plantearles una serie de preguntas centradas en el debate y también en la educación en general, para que conozcamos la visión de los jóvenes, que es fundamental para poder llegar a buen puerto.
Espero que disfrutéis la entrevista tanto como lo hice yo, al poder contar con este tiempo con ellos después de un año. 








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